Cuando tecnificar es un buen negocio
Un pequeño productor de Pinto le saca el jugo a la producción orgánica. Empezó con frambuesas regadas de forma tradicional y continuó con arándanos con riego por goteo, logrando una eficiencia en el uso del agua que nunca pensó.
Hace una década cuando un agricultor se inclinaba por la producción orgánica lo menos que le decían era que estaba loco. Era una alternativa, pero sólo unos pocos se atrevían a cambiar sus manejos convencionales. “Era el único loco orgánico de Pinto. Todos, hasta mi señora, me decían que no estaba curdo”, recuerda Héctor Villaroel, agricultor de la localidad de Pinto (a 20 km de Chillán), cuando en 1995 transformó el manejo convencional de un pequeño huerto de frambuesas hacia la producción orgánica.
“Estaba mal económicamente y mantenía una hectárea de frambuesa orgánica. El primer y segundo año anduve bien y después bajaron los rendimientos y aunque tenía un sobreprecio, yo nunca podía igualar a un productor convencional que producía 10 ton/ha y yo sólo 3 ton/ha”, explica Villarroel. Después pudo estabilizar su huerto, al que le añadió otras dos hectáreas.
Poco tiempo después de instalar su proyecto orgánico en Pinto, Villarroel ha sido testigo del crecimiento de la agricultura orgánica en la Provincia de Ñuble, zona que concentra un alto procentaje de agricultores dedicados a esta práctica. Aunque productores orgánicos hay en todos lados, desde el nortino Colchane hasta localidades de la Patagonia, las hectáreas suman casi 11 mil, las exportaciones se han empinado sobre los US$20 millones y en Chile los consumidores están prefieriendo alimentos sanos.
El giro productivo que dio este agricultor se produjo tras una reunión a la que asistieron diferentes agricultores sureños, “ahí cambié el switch. Me di cuenta de que antes echábamos muchos productos químicos a las producciones y vi que la agricultura orgánica era sana, saludable y amistosa con el medio ambiente”, cuenta el agricultor. Allí empezó a luchar contra la corriente, “tengo conciencia por el tema, pero a la vez soy crítico con productores que se han metido en lo orgánico porque así ganan más plata”, indica.
Una joyita en Pinto
Hoy maneja un campo de 22,6 hectáreas donde cultiva espárragos, frambuesas y arándanos certificados 100% orgánicos por BCS, y que vende a Frutícola Olmué, Comfrut y Hortifrut, respectivamente. Todo el manejo orgánico lo realizan sus trabajadores, a quienes tuvo que dar charlas para explicar en qué consiste esta práctica agrícola y, si bien en un comienzo los trabajadores son reacios al cambio, entendieron que en la agricultura orgánica los trabajos son distintos, “también les hablamos de las BPA y cómo se debían cumplir en el campo”, cuenta. Hoy, el predio de Hector Villarroel luce inmaculado, sin basuras en el suelo, con un comedor y baños para sus trabajadores y no tiene nada que envidiar a los campos de los grandes productores del país.
“Hoy estamos en época de poda y los rastrojos los ocupamos para la elaboración del compost, que hacemos aquí en el campo. Las bajas temperaturas que ha habido este año, nos ha dificultado un poco este trabajo, pero igualmente hemos logrado hacerlo y hoy lo mantenemos a la temperatura que se requiere, sobre 50ºC”, explica el agricultor.
Los cultivos que maneja Villarroel le permiten mantener cautiva durante toda la temporada a un porcentaje de la mano de obra, porque la cosecha comienza a fines de septiembre con los espárragos y finaliza en abril con los arándanos, “aunque en el potrero de espárragos utilizo sólo a tres personas para esas tres hectáreas, en cambio con frambuesa y arándanos llego a ocupar a sesenta personas en total”, comenta. La producción de arándanos esta temporada alcanzó las 4,5 ton/ha y ya se está preparando para la próxima temporada, donde la 4 ha entraran en plena producción, “ahí tendremos unas 80 personas durante la cosecha”, dice.
El huerto de 3 ha de frambuesa fue el primero. Aquí maneja 2,5 de la variedad Heritage y 7.500 m2 de Tunemann, pero esta temporada tuvo una baja del 30% de la producción para fresco, “tuve problemas con los temporeros —afirma—, porque me cosechaban un sector y se iban. No pasa nada patrón, mañana volvemos, me decían. ¿Y qué iba a hacer? No los iba a amarrar. Y como el domingo no se trabaja, la fruta se sobremaduró y ya no servía para la venta en fresco”.
Riego tecnificado: sí o sí
Los espárragos y las frambuesas las riega de forma tradicional, mientras que para los arándanos ocupa riego por goteo, “es los arándanos se deben regar sí o sí con sistemas tecnificados, sobre todo en el terreno de este campo, que es un suelo trumado de unos 60 cm de profundidad”, indica Villarroel. Y aunque la inversión era grande, este pequeño productor igualmente se atrevió con este fruto, “claro que no hubiese sido posible si no hubiese postulado a un concurso de la Ley de Riego”, agrega.
Así, en 2004 Héctor Villarroel recibió una bonificación del 60% del costo total del proyecto. “El riego tecnificado me cambio la vida”, afirma el agricultor que, con este sistema es mucho más eficiente en el uso del agua, “riego mejor y hasta me sobra el agua”, dice. Pero no sólo entrega el recurso a la planta sino que también ha disuelto nutrientes como fósforo, un enraizante y el té de compost.
— ¿Por qué las frambuesas no las tiene con riego tecnificado?
— Por desconocimiento no más. Cuando planté ese huerto no sabía que existía la Ley de Riego
— ¿Postularía otra vez?
— Sin duda. Es más, este año lo vamos a hacer.Tenía un problema con una isncripción de los derechos de agua, pero eso, gracias a Dios, ya lo solucionamos
— ¿Y qué va a tecnificar?
— Son otras seis hectáreas de arándanos, también 100% orgánicas, pero con variedades más nuevas como Centurión, Duke Amarilla, Blue Gold y Brigthwhite.
Sin duda que los berries siguen seduciendo a este agricultor qu ya tiene plantadas dos hectáreas de zarzaparrilla con riego tecnificado, “no me gustan mucho, pero por probar no pierdo nada”, comenta. Esta temporada ya dieron los primeros frutos y Villarroel espera que para la próxima las plantas estén en plena producción, “ya veremos que pasa”, dice. Además, cuenta que le han hablado bien del golden berry, “y capaz que haga algunas hectáreas, pero no en este campo”, anticipa. Y es que justo enfrente del predio tiene un huerto de tres hectáreas que está preparando para certificarlo como orgánico. “Ya lo ha visto la certificadora y hemos hecho algunos trabajos para dejar el terreno listo para plantar apenas se pueda”, explica.
Aunque el círculo productivo lo cerrará con un proyecto que desde hace un tiempo viene craneando su esposa. Se trata de un complejo agroturístico, compuesto por una serie de cabañas donde, además de ofrecer hospedaje a los visitantes, se les enseñarán las distintas labores del campo y, como no, qué es y para qué sirve la agricultura orgánica.
Publicado en Chileriego nº31, xxxx de 2007